La Tierra de Magallanes

"Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello."

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.

¿Cuál era el tamaño de la Tierra para Magallanes y los cosmógrafos de su época? ¿Tendría razón Colón, cuando decía que Asia no estaría demasiado lejos navegando hacia el Oeste? ¿Qué sabían sobre las dimensiones de la Tierra antes de partir? Todas estas preguntas cabe hacérselas cuando uno piensa en el camino seguido por Magallanes en el Océano Pacífico. Nos meteremos en la piel de un hombre de ciencia de principios del s. XVI y trataremos de desentrañar estas cuestiones, porque precisamente la derrota seguida demuestra algo importante: Magallanes sabía que se iba a enfrentar a una larga travesía cuando entró al Pacífico.

La derrota seguida en el Pacífico por Magallanes. Puesto que sabía que las Molucas se encontraban en el ecuador, Magallanes nos demuestra con la ruta seguida, recorriendo en el Océano Pacífico más de 10.000 km hasta alcanzar el ecuador, que sabía de antemano la gran magnitud del océano al que se enfrentaba, aunque la realidad de su tamaño superó incluso sus expectativas.

Antes de nada, diremos que la cuestión acerca de si la Tierra era o no redonda no existía a estas alturas de la Historia. Nadie ponía en duda su esfericidad. En cambio, las ideas de Copérnico y su heliocentrismo tardarían todavía algunos años en llegar, de modo que por entonces el Cosmos seguía siendo entendido conforme la tradición Ptolomeica, es decir, poniendo a la Tierra en el centro del Universo, rodeada de las esferas de la Luna, el Sol, los planetas visibles a simple vista y, por último, la esfera de las estrellas fijas. Ptolomeo había tomado sus ideas de los clásicos de la antigua Grecia. En el mundo occidental, así como en el musulmán, la esfericidad de la Tierra se daba por sentada siguiendo esta tradición. Por tanto esta expedición no "demostró" la redondez del mundo, como tantas veces decimos, sino que sería más apropiado decir que la constató

Así pues, al menos todos los hombres de cierto nivel cultural sabían que la Tierra era redonda. Redonda y esférica. La esfericidad de hecho no se discutía, puesto que Dios debió basarse sin duda en formas puras cuando creó el Universo. Este era el pensamiento de la época, sin discusión incluso entre los más preeminentes hombres de ciencia del momento. El achatamiento de la Tierra por los polos no fue descubierto hasta el s. XVIII, en una expedición francoespañola en la que participó nuestro insigne Jorge Juan y Santacilia.

Sin embargo, no se conocía el tamaño del mundo. Esta era la cuestión de debate del momento, con el asunto encendido tras el descubrimiento de América por parte de España, y la llegada a India e Indonesia por parte de los Portugueses después de rodear África, con ambas potencias sumidas en una frenética carrera por ampliar sus dominios y por hacerse de la Especiería y de su comercio.

Dimensionar el mundo era todo un reto. Pese a que Eratóstenes lo había hecho con asombrosa precisión alrededor del año 230 a.C., posteriormente Ptolomeo había reducido notablemente su tamaño. Durante la Edad Media, hasta tiempos de Colón, se respetó la idea ptolomeica de una Tierra "pequeña", pero como decimos, tras el descubrimiento de América ese asunto pasó a primer plano. El mapa de Toscanelli, que no ha perdurado pero en que supuestamente Colón tomó la idea de que Asia no estaba demasiado lejos al otro lado del Atlántico, así como el posterior Erdapfel de Martin Behaim responden a esta idea, que hizo a Colón aventurarse a atravesar la mar océana en busca de la Especiería.

​¿Cómo Eratóstenes fue capaz de medir el tamaño de la Tierra en la antigüedad? El astrónomo Carl Sagan lo explicó de forma magistral en la exitosa serie de TV de los años 80 Cosmos.

El modelo de Universo de Ptolomeo, con la Tierra en su centro rodeada de las esferas de la Luna, los planetas, el Sol y las estrellas fijas. Estuvo vigente hasta la publicación de la teoría heliocéntrica de Copérnico en el año 1543, incluso más adelante.

Durante los 25 años que transcurrieron desde que Colón volviera dando noticia de las nuevas tierras descubiertas, hasta que Magallanes y Rui Falero se presentaron en la corte de Carlos I para mostrarle su más que audaz proyecto de alcanzar las Islas de la Especiería navegando por Poniente, la cartografía y la geografía habían pasado a ser las ciencias del momento, propiciadas por la Casa de Contratación de Sevilla, que se convirtió en el Cabo Cañaveral del siglo XVI. Sevilla era la punta de lanza mundial en investigación, tecnología y logística para cada nuevo viaje de exploración. Esto atrajo incluso a gran número de portugueses de gran experiencia náutica, que trajeron los conocimientos adquiridos en sus exploraciones, y que prefirieron Sevilla a su propio reino.

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El globo terráqueo de Martin Behaim, o Erdapfel, del año 1492, es el más antiguo que se conserva. América no aparece, siendo Asia el continente que figura al lado Oeste del Océano Atlántico. 

Modelo del mapa de Behaim en la excelente app Benhaim Globe, disponible en Google Play para Android. Podemos ampliar y leer hasta los detalles de menor tamaño. En esta captura de pantalla vemos Asia al Oeste, el oceáno Atlántico en el centro y Europa y África al Este.

Las bases del conocimiento de la Tierra estaban bien asentadas en esta época, en el sentido de que incluso se conocían los Trópicos -que ya figuran en el globo de Behaim- y los Círculos Polares. Una importantísima fuente de información sobre hasta dónde alcanzaba el saber en el momento de organizarse la expedición la hallamos en la obra Suma de Geographia, del alguacil mayor de Castilla del Oro Martín Fernández de Enciso, que fue publicada en 1519, el mismo año en que zarpa Magallanes.

En la Suma de Geographia encontramos un párrafo de especial relevancia en lo que aquí estamos tratando. Dice así:

E porque cada un grado está tasado en diez y seys leguas y media y un sesmo de camino, sabrás que todo el mundo tiene en derredor 360 grados que monta seys mil leguas.

Enciso nos está dando las dimensiones de la esfera de la Tierra, que establece en 6.000 leguas. Lo consigue de un modo bastante sencillo a priori, que consiste en medir la longitud de un grado -que establece en 16,5 leguas más un sexto-, para después multiplicar este valor por los 360 grados que se contienen en una circunferencia completa.

Puesto que para Enciso la Tierra era una esfera perfecta, el modo más fácil de hallar la distancia comprendida en un grado era medir en la dirección Norte - Sur, averiguando la diferencia de latitud entre dos puntos que estuvieran contenidos en el mismo meridiano. La longitud del ecuador se daba por hecho que debería ser la misma que la longitud del meridiano, porque de no ser así nuestra esfera no sería perfecta y, como decíamos, sin duda Dios se debió basar en formas perfectas en el momento de la Creación. El cálculo de la latitud de un lugar era bien conocido, como tratamos en el apartado Cómo Medían su Posición.

De este modo, solo restaba medir la distancia entre esos dos puntos de la superficie terrestre separados por un grado en dirección Norte - Sur -lo que Enciso establece en 16,5 leguas más un sexto- para hallar la longitud total del meridiano como resultado de multiplicarla por los 360 grados que se contienen en su circunferencia completa.

Suma de Geographia de Martín Fernández de Enciso. Año 1519. Nos da la dimensión del mundo con un error del 17,5% en la circunferencia del meridiano -6.000 leguas, que transformadas a razón de 5,5 km por legua dan 33.000 km frente a los 40.000 km reales-.

A día de hoy sabemos que la longitud de una circunferencia completa que contiene un meridiano mide exactamente 40.000 km justos. Menuda casualidad que sea una cifra tan exacta ¿verdad? Evidentemente, no se trata de una casualidad, sino que el metro como unidad de medida se estableció inicialmente como una porción de la longitud del meridiano equivalente a una diezmillonésima parte de la distancia comprendida entre el ecuador y el polo. Como curiosidad, añadiremos que fue Napoleón Bonaparte quien firmó en 1799 la ley que creaba el metro como unidad de medida en territorio francés, aunque lo hizo con espíritu universal: "...para todos los pueblos y para todos los tiempos."

En el siglo XVI no había una medida de distancia estandarizada y uniforme. Se medía en leguas, pero en cada lugar a la legua se le asignaba un valor diferente, e incluso a lo largo del tiempo se iban dando diferentes valores. La legua se empezó a utilizar como referencia de distancias bajo el concepto de que se trataba de la distancia que podía recorrer una persona a pie durante una hora. Así, encontramos valores de legua comprendidos entre los 4 y los 7 km. Sin embargo, si nos centramos en el lugar y momento de los que estamos hablando, con Magallanes preparando su expedición, la legua castellana equivalía a 20.000 pies castellanos, es decir, que se venía aproximando mucho a los 5,5 km de longitud.

Aunque Martín Fernández de Enciso estableció la longitud de un grado en las citadas 16,5 leguas más un sexto, o lo que es lo mismo, 16 leguas más dos tercios, esta cuestión era la clave del encendido debate que se daba por entonces entre los cosmógrafos españoles y portugueses acerca de los derechos de posesión de las Islas Molucas. Y es que las Molucas estaban cerca del antimeridiano de demarcación que se había establecido entre los reinos españoles y el portugués durante el reinado de los Reyes Católicos, en el famoso Tratado de Tordesillas. Que la Tierra fuera más o menos grande haría que las Molucas quedaran a un lado o a otro de dicho antimeridiano de demarcación entre las coronas rivales. Veamos cómo se gestó este importantísimo asunto para comprenderlo mejor:

Tan solo dos años después del descubrimiento de América, y cuando solo se habían descubierto las primeras islas que Cristóbal Colón había encontrado en su primer viaje, los Reyes Católicos y el rey Juan II de Portugal firmaron el Tratado de Tordesillas, por el que se repartieron el mundo, las tierras y aguas descubiertas y por descubrir en dos demarcaciones, "todo lo que es hallado e se hallare, conquistase o descubriere en los dichos términos, allende de que es hallado ocupado o descubierto". El límite entre ambas se estableció en un meridiano que recae en el Océano Atlántico, que después se vio que corta el actual Brasil, de este modo: "...que se haga é señale por el dicho mar Océano una raya, ó línea derecha de polo á polo, convien á saber, del polo ártico al polo antartico, que es de Norte á Sul, la qual raya ó línea se aya de dar, é dé derecha, como dicho es, á trecientas é setenta leguas de las islas del Cabo Verde, hacia la parte del Poniente, por grados ó por otra manera como mejor y mas presto se pueda dar, de manera que no sean mas."

Es decir, se estableció el meridiano que separaba ambas demarcaciones a 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde, sin especificar respecto a cuál de ellas en concreto, ni qué medida se otorgaba a estas leguas.

La Tierra no es una esfera perfecta, sino que la longitud del ecuador es algo mayor que la del meridiano -en concreto, 43 km-. Sin embargo, en el siglo XVI estábamos todavía muy lejos de averiguarlo.

La posición del meridiano de demarcación del Tratado de Tordesillas generaba, a 180 grados, un antimeridiano que también sería el límite entre España y Portugal. Las Molucas estaban cerca de ese antimeridiano, lo cual fue un motivo de disputa que hizo avanzar el estudio de la geografía.

El lugar donde se firmó el Tratado de Tordesillas, frente a una escultura de doña Juana I de Castilla. Tordesillas (Valladolid).

Representación del meridiano de demarcación entre los reinos españoles y de Portugal según el Tratado de Tordesillas (año 1494) definido a 370 leguas al Oeste de las islas de Cabo Verde. La mitad portuguesa quedaría al Este de dicho meridiano, y la española al Oeste. Para elaborar el gráfico se ha tomado como valor de una legua el equivalente a 5,5 km.

 

El Memorial de Magallanes justificando al rey Carlos I la ubicación de las Molucas dentro de la demarcación castellana: el tamaño de la Tierra.

En el Archivo General de Indias (Sevilla) se guarda un escrito sin firmar, pero atribuído a Fernando de Magallanes por los historiadores, en el que aporta una serie de conocimientos geográficos que demostrarían que las Islas Molucas quedaban dentro de la demarcación castellana del Tratado de Tordesillas. Si nos fijamos en él y lo analizamos, hallaremos algunos datos verdaderamente interesantes. Comienza así Magallanes:

Porque podrá ser que el Rey de Portugal quisiese, en algún tiempo, decir que las islas de Maluco están dentro en [de] su demarcación, y podría mandar cambiar las derrotas de las costas y acortar los golfos de la mar, sin que nadie se lo entendiese como yo lo entiendo y sé cómo se podría hacer, quise, por servicio de V. A., dejarle declarado las alturas de las tierras y cabos principales, y las alturas en que están, así de latitud como de longitud, y con esto será V. A. avisado para que, sucediendo lo dicho, yo fuese fallecido, tenga sabido la verdad.

  • Ítem, la isla de San Antón, que es una de las del Cabo Verde, en la costa de Guinea, donde se hizo la repartición de estos Reinos con los de Portugal, está la isla a veinte y dos grados al oriente de la línea de la repartición.

El memorial continúa referenciando varios puntos geográficos, pero analizando lo dicho vamos a ver cómo tenemos suficiente información para hallar el tamaño que Magallanes atribuía al mundo.

En el párrafo anterior, en realidad Magallanes nos está diciendo más cosas de las que pone. Puesto que establece que desde la línea de demarcación de Tordesillas hasta Cabo Verde hay 22 grados, y sabemos que en el Tratado se dijo que la línea se emplazaría a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, podemos obtener las leguas por grado que Magallanes está  considerando, mediante la división de 370 leguas entre 22 grados, con el resultado de 16,81 leguas/grado. Con esta cifra, aumentan las leguas por grado respecto a las que establecía Martín Fernández de Enciso en 16 2/3.

Además, en realidad la cuenta anterior no sería correcta, puesto que los grados en longitud geográfica debemos medirlos en la altura del ecuador, y no en el paralelo de las islas de Cabo Verde, donde la distancia entre grados sería menor. Si aplicamos matemáticas a lo expresando en el Memorial, podemos comprobar cómo Magallanes ya contaba con que por cada grado había 17,58 leguas, cifra muy similar a la que terminó acordándose algunos años después en el Tratado de Zaragoza, del año 1529, donde quedó establecida en 17,5. 

Memorial atribuido a Fernando de Magallanes en el que justifica mediante diferentes datos geográficos que las Islas Molucas se encontraban dentro de la demarcación castellana del Tratado de Tordesillas.

Archivo General de Indias, Sevilla.

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Los paralelos miden cada vez menos conforme nos acercamos a los polos, siendo el ecuador el de mayor longitud de circunferencia. Magallanes otorgaba a cada grado una longitud de 17,58 leguas en el ecuador, tomando como datos de partida sus declaraciones en el Memorial por el que justificaba que las Islas Molucas se encontraban en la demarcación castellana de Tordesillas. 

Es evidente por lo tanto deducir que para Magallanes la circunferencia terrestre equivalía a 17,58 leguas por grado, multiplicadas por 360 grados, es decir, 6.331 leguas, o lo que es lo mismo, 34.822 km. Con ello, pensaba que el tamaño de la Tierra era un 13% menor del real, y que el Océano Pacífico tenía una anchura reducida, aunque ya enorme.

Esta es por tanto la dimensión de la Tierra para Magallanes antes de iniciar esta expedición: 34.822 km en el ecuador, frente a los 40.075 km que hoy sabemos que realmente tiene. Sin duda, tras el primer viaje de Colón el conocimiento del mundo dio un paso de gigante en muy pocos años, de modo que Magallanes, incluso antes de partir, sabía ya que se enfrentaría a un vasto océano al otro lado de América antes de poder alcanzar Asia.

Memorial_magallanes.jpg

La ruta seguida por Magallanes en el Pacífico demuestra en parte su conocimiento del tamaño del planeta. Él creía que la Tierra medía 5.253 km menos, y por eso tarda 10.500 km en alcanzar el ecuador, puesto que sabía que las Molucas se encontraban todavía más adelante. Es muy llamativo que sobrepasara el ecuador y se desviara tanto hacia el norte, lo cual hizo que terminara arribando a las Filipinas. De hecho, Elcano declaró sobre este asunto que "Magallanes nunca quiso dar aquella derrota [para ir a las Molucas], aunque fueron requeridos para ello, porque este testigo siendo piloto en su nao lo vio." Casi con total certeza, Magallanes quiso antes asegurarse el gobierno de algunas de las islas que descubriera, lo cual tenía firmado con Carlos I en las Capitulaciones de Valladolid de 1518.

 

Una sorpresa más

El análisis del citado Memorial de Magallanes sobre la posesión de las Molucas nos guarda todavía una última conclusión. Puesto que gracias a él podemos deducir dónde ubicaba Magallanes exactamente el meridiano de demarcación entre España y Portugal según el Tratado de Tordesillas, podemos comprobar cómo antes de realizar la primera parada en América esperó a haber sobrepasado este Meridiano de Demarcación, y por lo tanto, se detuvo al saberse en territorio castellano.

 

Pudo ser una casualidad, o no. Sin duda, de todo esto la mejor conclusión que podemos sacar es que Magallanes dominaba a un nivel verdaderamente asombroso los conocimientos de navegación y cosmografía de su tiempo.

La primera parada que Magallanes ordena en la costa americana es en la que llama Bahía de Santa Lucía, que a día de hoy se identifica como la Bahía de Sepetiba. Está algo más al Oeste que Río de Janeiro. Si nos fijamos, coincide exactamente con la ubicación de la línea de demarcación del Tratado de Tordesillas tomando 370 leguas al Oeste de la isla de San Antón de Cabo Verde, y leguas de 5,5 km. ¿Magallanes esperó a entrar en la demarcación española para hacer un descanso? A la vista de esto, pese a carecer de medios técnicos suficientes para determinar su longitud geográfica con exactitud, parece difícil creer que fue casualidad.