Vidas épicas

Aunque en la sección La Tripulación se relacionan datos de todos los integrantes de la expedición, las biografías de algunos de ellos resultan tan increíbles que merecen ser destacadas y que nos detengamos a conocerlas. 

Vasquito

El niño al que todos cuidaron

Vasquito era un niño. Y sobrevivió. Su padre era el piloto de la Casa de Contratación Vasco Gallego, y quiso que su hijo le acompañara como paje para forjarse como marino. Ambos embarcaron en la nao Victoria, constando Vasquito como paje. Entre la tripulación había muchos más pajes, que eran muchachos muy jóvenes que ayudaban a las tareas más variopintas en las embarcaciones.

Su padre falleció por enfermedad durante la travesía del Pacífico, con la mala suerte de hacerlo solo seis días antes de arribar a la Isla de Los Ladrones, lo cual quizás le hubiera salvado la vida. A partir de este momento, sin duda, todos cuidaron de Vasquito, porque pese a las infinitas penalidades que les sobrevinieron, consiguió sobrevivir. No conocemos su edad, pero nos da una idea el hecho de que, tras su regreso, se trata del único tripulante superviviente cuyo sueldo fue su madre quien se personó a cobrarlo en la Casa de Contratación.

Cuando volvía a España por el Atlántico con Elcano en la Victoria, la tripulación decidió arriesgarse a pedir ayuda a los portugueses en Cabo Verde. Al tercer día, los trece que fueron a tierra en un batel a por más mantenimientos no volvieron. Entre ellos se encontraba Vasquito, que allí quedó prisionero de los portugueses, mientras los de la nao Victoria, que esperaba fondeada, tuvieron que huir para no ser también apresados.

Juan Sebastián Elcano avisó al Emperador Carlos V de que le habían quedado 13 hombres presos en Cabo Verde nada más llegar a Sanlúcar de Barrameda, en la emocionante carta en que le avisa de su regreso y de su éxito. Por fortuna, las gestiones de Carlos V fueron rápidas, y tan solo algunas semanas después, todos ellos quedaron en libertad y fueron trasladados a España.

Maestre Hans

El primer hombre que dio dos vueltas al mundo

Natural de Aquisgrán (Alemania), y lombardero de la nao Victoria en la expedición de Magallanes. Las lombardas -o primitivos cañones- de fabricación alemana eran las mejores de la época, y el maestre Hans un experto en su uso.

Fue uno de los 18 supervivientes que llegaron en la Victoria con Elcano a Sevilla en 1522 tras haber dado la primera vuelta al mundo.

La amistad que estrechó con Elcano en este viaje hizo que se embarcara nuevamente con él en la siguiente expedición que se organizó hacia el Maluco, la Expedición de Loaysa. Ni Elcano ni otros de los integrantes de la expedición de Magallanes que también se alistaron en esta nueva misión consiguieron sobrevivir. Él fue el único.

Pasó en las Molucas 11 años luchando contra los portugueses en una guerra sin apenas recursos por el control de aquellas lejanas tierras, junto a otro marino insigne, Andrés de Urdaneta. Aquella guerra terminó de forma pacífica, y los pocos españoles que sobrevivieron fueron trasladados por los portugueses a España, bordeando África, de modo que el maestre Hans se convirtió en el primer hombre en rodear la Tierra dos veces.

Tentando a la suerte, se embarcó de nuevo hacia Nueva España, y desde aquí hacia el Maluco en la expedición de Rui López de Villalobos, sin que tengamos noticia posterior de él.

Gonzalo de Vigo

Indio pero español

Embarcó como grumete en la nao Concepción. Fue uno de los que quedaron en las Molucas reparando la nao Trinidad. Durante el malogrado intento de tornaviaje a través del Pacífico que realizaron, la situación en la Trinidad llegó un momento en que era absolutamente desesperada, muriendo gente casi a diario. Así, al arribar a la isla de Maug, al Norte del archipiélago de las Marianas, Gonzalo de Vigo huyó junto con otros dos hombres, Martín Genovés y Alonso González.

Cuatro años más tarde, en 1526, la expedición de Loaysa llegaba a la isla de Los Ladrones (Guam) y uno de los indios que le salieron al paso con canoas se dirigió en castellano a la tripulación. Era Gonzalo de Vigo, que se había integrado con los indios como uno más. La sorpresa de los españoles a bordo tuvo que ser mayúscula. 

Pidió perdón real, es decir, que le absolvieran de su delito de deserción, y los españoles no dudaron en otorgárselo. Según les contó, sus dos compañeros murieron al poco tiempo, de enfermedad.

 

Gonzalo de Vigo se unió a la expedición y terminó teniendo un destacado papel cuando la nao Santa María de la Victoria llega a las Molucas, tanto como intérprete con los indios, como intrépido guerrero contra los portugueses.

Nunca volvió a España, aunque no sabemos qué fue de él y quizá quedara allí por su propia voluntad.

Esteban Gómez

El primero en Nueva York

Fue un piloto portugués que gozaba ya de una buena reputación antes de iniciarse el viaje, por lo que debió haber participado en alguna de las expediciones portuguesas a la India bordeando África, aunque no tenemos registros de ello. Contaba con 36 ó 37 años cuando se embarcó con Magallanes como Piloto de Su Alteza.

Durante el intento de motín de Puerto de San Julián, Gómez forma parte del grupo de sublevados contra Magallanes, aunque cuando todo termina, éste no toma medidas contra él.

Tras haber descubierto el paso del Estrecho de Magallanes, y antes de terminar de cruzarlo, Esteban Gómez se hace con el mando de la nao San Antonio, reduce a su capitán y vuelve a España con toda su dotación. Declarará haber descubierto las Islas Malvinas, de las cuales no tiene reconocido su descubrimiento a día de hoy, aunque a partir de su vuelta aparecerán ya en los mapas.

A su llegada a España es encarcelado, pero cuando tiempo después llega Elcano tras haber completado su circunnavegación, Esteban Gómez queda en libertad y convence a Carlos I para comandar una expedición en busca de otro paso que permita cruzar al otro lado de América, pero esta vez por el Norte.

 

Así, en 1524 dirigirá una expedición que recorrerá por primera vez la costa atlántica de Norteamérica, desde Florida hasta Labrador, convirtiéndose en el primer europeo en descubrir las costas de las futuras ciudades de Nueva York o Boston. A la Bahía del Hudson la llamó Bahía de San Antonio. Todas estas tierras norteamericanas figurarán muchos años en los mapas como Tierra de Esteban Gómez.

 

En 1538 morirá asesinado por los indígenas en el río Paraguay, durante la expedición de Pedro de Mendoza al Río de la Plata.

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Gonzalo Gómez de Espinosa

La cara amarga del destino

La historia del capitán burgalés Gonzalo Gómez de Espinosa es profundamente conmovedora. Fue un hombre recto y cabal, fiel a su rey por encima de cualquier otra consideración, y le tocó asumir el mando de la otra nao que en las islas Molucas zarpó inicialmente junto a Elcano camino de la gloria eterna. Pero el destino tenía otro plan para él, un plan cruel y amargo.

Nada más zarpar con la Trinidad para iniciar el camino de vuelta desde las Molucas a España, que llevaría a Elcano a dar la primera vuelta al mundo, se descubrió en su nave una avería. Ambas naves volvieron a puerto, y entonces se descubrió que la carga de especias había desencajado las cuadernas del casco de la Trinidad. Era un contratiempo muy serio que obligaba a realizar una costosa y larga reparación.

En este punto, se toma la decisión conjunta de que Elcano no les espere e inicie su vuelta de inmediato, mientras que Espinosa, una vez se consiguiera reparar la Trinidad, y ante la falta de garantías que ofrecería en adelante esta nave, tratará de volver dirigiéndose hacia la costa española más cercana conocida entonces, la de Panamá, donde les podrían ayudar para continuar viaje después, puesto que se trataba de la opción a priori más corta y por tanto segura. Leed por favor la sección Intento de tornaviaje de la Trinidad para profundizar en esta cuestión.

El momento de la despedida entre los tripulantes de la Victoria y los de la Trinidad sabemos que fue emocionante: "Todos lloramos" cuenta Pigafetta. 

La ilusión por ser uno de los primeros en dar la vuelta al mundo se había esfumado. Tocaba quedarse al mando de 60 hombres y tratar de conseguir sobrevivir, con gran peligro de ser encontrados allí por los portugueses que, como Espinosa sabía, dirigían una armada hacia allí para impedir su éxito.

Después de cuatro largos meses de reparaciones, con el alma en vilo por si aparecían los portugueses, la Trinidad zarpa por fin en demanda de Panamá. Sin embargo, los vientos fueron siempre contrarios, y Espinosa se vió forzado a dirigirse muy hacia el Norte en busca de vientos hacia el Este. Este camino le llevó cinco meses, en los que no encontró esos vientos favorables, hasta que una tempestad causó graves daños nuevamente a su ya maltrecha nao y tomó la decisión de volver a las Molucas.

Los meses que duró la vuelta fueron terroríficos. No había qué comer y cada dos días moría una persona. Descubrieron las 14 islas del archipiélago de las Marianas del Norte, las muertes se frenaron y consiguieron arribar a las Molucas tras siete meses. Pero tal como sabían que ocurriría, los portugueses estaban ya allí. 

Tuvo muy mala suerte porque el camino seguido fue el mismo que años después, y tras múltiples intentos de conectar Asia con América llevados a cabo por otras expediciones, terminó consiguiendo completar por primera vez Andrés de Urdaneta. Esta es otra de las jugadas que el destino reservaba para Espinosa: elegir bien la ruta, pero no conseguir completarla. Nadie recordará después que la gran intuición marinera de Urdaneta tuvo un precedente en los marineros de la Trinidad.

Se inició entonces un calvario para los 17 supervivientes, que fueron hechos presos y muy maltratados. Nada menos que cinco años estuvo preso Espinosa, siendo trasladado a Banda, Malaca y a Cochín. Y todavía tuvo suerte, porque en general los demás murieron. Solo cuatro de ellos volverían a pisar España.

Estando preso en Cochín, consigue enviar al rey Carlos I una carta que, increíblemente, llegó a su destino y hoy podemos leer. En ella cuenta su dramática situación y pide ayuda al rey, y le avisa de que los portugueses están armando una flota hacia las Molucas. Es un documento profundamente conmovedor. 

Espinosa terminará preso en Lisboa y siete meses después fructificarán al fin las gestiones de Carlos V para su liberación. Espinosa consigue así pisar de nuevo España en 1527, nada menos que cinco años después de la llegada de la nao Victoria. Será recibido por Carlos V en Valladolid, honrado con un escudo de armas y un sueldo vitalicio, -que le terminó costando un pleito poder cobrar, aceptando su reducción a una paga injusta- y nombrado visitador y capitán de las naos de las Indias.

La mayor parte de la bibliografía existente sobre él cuenta que falleció poco después, alrededor de 1529 ó 1530. Sin embargo, aunque la fecha de su muerte no es conocida, sí sabemos que en 1543 permanecía todavía activo en su trabajo para la Casa de Contratación de Sevilla, percibiendo dos sueldos, uno como capitán, y otro como visitador de las naos que partían hacia las Indias. 

Juan Rodríguez de Mafra

Veterano de los viajes de Colón

La biografía de Juan Rodríguez Mafra merece ser destacada por ser uno de los más prolíficos exploradores españoles de finales del XV y principios del XVI. Nacido en Palos (Huelva), entró en la expedición de Magallanes siendo ya un reputadísimo y veterano marino, nombrado Piloto de Su Alteza por la Casa de Contratación.

 

Participó en el segundo y tercer viajes de Cristóbal Colón, y en múltiples de los llamados Viajes Andaluces a América: descubrió parte de la costa de Brasil, viajó con Rodrigo de Bastidas a Darién, hizo dos nuevos viajes a Cuba, otro más a la Española, y otro a San Salvador.

Desgraciadamente, falleció en la expedición de Magallanes con 51 años, tras completar la travesía del Pacífico, el mismo día que tocaban tierra en la isla de Mazava (Filipinas).

Colón estuvo presente en la expedición de Magallanes, por boca de su antiguo compañero Juan Rodríguez de Mafra.

León Pancaldo

La gran evasión

Fue uno de los supervivientes de la Trinidad, gracias a una rocambolesca huída de la prisión a la que le habían recluído los portugueses en Cochín. 

León Pancaldo era un marinero genovés que, gracias a su dominio del arte de marear, terminó ejerciendo como piloto en la Trinidad. Compartió el destino de Gonzalo Gómez de Espinosa, pero consiguió escapar de su prisión en Cochín gracias a dos genoveses, que le ayudan a esconderse en una nao portuguesa que iniciaba camino de vuelta hacia Portugal. Durante la travesía es descubierto, y dejado preso en Mozambique. Sin embargo, nuevamente consigue escapar, escondiéndose como polizón en otra nao que zarpaba camino de Lisboa.

En esta segunda nao también terminó siendo descubierto. Su final lógico habría sido ser ajusticiado en cualquiera de estas dos naves, pero es evidente que sus respectivos capitanes comprendieron que no estaban ante un cualquiera, y que su final debía ser dictado por el propio rey portugués. Así, ingresará en prisión al llegar a Lisboa, pero el Emperador Carlos V negociará su libertad, que se produce en 1527, cinco años después de la llegada de Elcano, y coincidiendo con la de Espinosa, su capitán.

Volvió entonces a su Génova natal, convertido en un afamado marino. Los franceses le ofrecieron una gran suma por capitanear una expedición propia a las Molucas, que rechazó. Lo mismo hicieron los portugueses, y también se negó. 

En cambio, sí volvió a servir al rey de España, al mando de una expedición al Perú que zarpó en 1538. Sin embargo, no consiguió atravesar el Estrecho de Magallanes, decidiendo dar la vuelta y recalar en el Río de la Plata, donde encontró la muerte.

En la ciudad de Savona (Génova) le recuerdan con el gran torreón de la imagen, que lleva su nombre. Con mucha probabilidad es el autor del Roteiro de un piloto genovés, documento anónimo que se conserva en el que se narran las vicisitudes por las que pasó la nao Trinidad en su intento de vuelta por el Pacífico.

Ginés de Mafra

No estaba muerto

La épica se personifica en la figura del jerezano Ginés de Mafra. Compartió el destino de su capitán Gonzalo Gómez de Espinosa quedando con la nao Trinidad en Tidore, y volviendo a España cinco años después tras el cautiverio al que le sometieron los portugueses.

Al volver a su hogar, encontró que su mujer, dándolo por muerto, se había casado con otro hombre, y vendido sus pertenencias. Así, Ginés de Mafra volvió a echarse a la mar para nunca más volver. Se alistó con Pedro de Alvarado para unirse a sus expediciones en el Pacífico. Hay indicios de que quizá estuvo en Perú. Por último, contando con 48 años, en 1542 se alistó como piloto de la San Juan de Letrán en la expedición al Maluco de Rui López de Villalobos, a la cual también sobrevivió, consiguiendo regresar a Lisboa a bordo de un navío portugués. Es aquí donde perdemos la pista de este grandísimo e insaciable aventurero.

Su Relación sobre la expedición de Magallanes - Elcano es una de las fuentes más importantes con que contamos, pero no tuvo difusión hasta el año 1920.

Miguel de Rodas y Martín Méndez

Unidos en vida y muerte

Ambos marinos separan por un tiempo su destino común cuando la nao Victoria acude a Cabo Verde en busca de alimentos, y los portugueses detienen a trece de sus expedicionarios, entre los cuales se encontraba el escribano Martín Méndez, que no será liberado hasta unos meses después de que la Victoria llegue a Sevilla, con el contramaestre Miguel de Rodas entre los 18 que consiguieron sobrevivir.

Ambos vuelven a unirse al alistarse en la tercera expedición que se organiza hacia el Maluco, la de Sebastián Caboto, pese a que éste se opone a llevarlos consigo aun tratándose de algo en lo que el propio Emperador pone su empeño. Caboto no puede evitar que embarquen, incluso con Miguel de Rodas como oficial de alto rango: piloto mayor.

Sin embargo, Caboto fracasa estrepitosamente sin conseguir alcanzar siquiera el Estrecho de Magallanes. Tras una fuerte disputa con Miguel de Rodas y Martín Méndez, los abandona en una pequeña isla frente a la costa brasileña. Ambos murieron ahogados tratando de escapar de ella en una canoa.

Hernando de Bustamante

Barbero y capitán

El extremeño -de Mérida o quizás de Alcántara- Hernando de Bustamante era el barbero de la nao Victoria, es decir, el médico. Fue uno de los dieciocho supervivientes que consiguieron retornar a Sevilla tras competar la primera vuelta al mundo.

Durante el viaje debió crear una sólida amistad con Juan Sebastián Elcano, porque se embarcó con él nuevamente hacia el Maluco, en la segunda expedición que se organizó desde España, la conocida como Expedición de Loaysa.

 

Otros de los integrantes de la expedición de Magallanes que se alistaron al Maluco con Elcano fueron el Maestre Hans, del que ya hemos hablado, y Roldán de Argote, que al igual que Elcano falleció de camino. 

Hernando de Bustamante sobrevivió a la travesía, llegando a las Molucas, donde se estableció una larga guerra contra los portugueses, que con los muy escasos medios que portaban ambos bandos y con alianzas mútuas con los nativos se prolongó durante once años. Durante este tiempo, con una cada vez más exigua dotación de españoles supervivientes -entre los cuales se encontraba también Andrés de Urdaneta- Hernando de Bustamante fue nombrado capitán al mando.

Finalmente, ante la imposibilidad de recibir auxilio y la situación límite que estaban viviendo tanto tiempo, Hernando de Bustamante decide claudicar a cambio de que los portugueses les devuelvan a España. Sin embargo, camino de la India alguien le envenenó mortalmente, terminando así sus días.